Por Nicolas Messner — IJF
La competición —y más aún en el alto rendimiento— es una fábrica de emociones.
Está ligada a dos nociones inseparables: victoria y derrota. Una no existe sin la otra.
Cada vez que un judoca pisa el tatami, sabe que, tras unos minutos, alguien celebrará y alguien saldrá con el peso de la decepción. Así es el juego.

Dos maestras complementarias
Ganar y perder no son opuestos: son dos maestras distintas que ayudan a crecer.
Ganar pone a prueba la humildad; perder, la resiliencia.
En judo, ambas se enmarcan para evitar desbordes: se gana y se pierde con autocontrol y respeto. Así se forma al deportista y, sobre todo, a la persona.

La victoria: un instante valioso (y frágil)
Los atletas entrenan para brillar, ver su bandera y oír su himno.
Pero la victoria es un instante: jamás una identidad permanente.
Mal gestionada, puede volverse una trampa: euforia excesiva, dificultad para “bajar”, presión por confirmar… incluso miedo a perder después de haber ganado.
De ahí el rol clave de entrenadores y entorno: celebrar sí, pero definir lo que sigue, fijar nuevos objetivos y sostener el proceso.

La derrota: información, no veredicto
La derrota es universal: tarde o temprano nos alcanza a todos, incluso a los mejores.
Los campeones de trayectoria suelen ser quienes se relanzan tras los tropiezos.
Perder una competencia no significa perder el valor.
El reto es convertir la derrota en punto de partida: evitar la negación, no aislarse emocionalmente y aceptar el resultado sin renunciar a la propia identidad.

Gestionar emociones: el momento decisivo
Justo después de ganar o perder, las emociones son crudas: alegría, rabia, frustración.
El objetivo no es suprimirlas, sino gestionarlas.
Nadie es una máquina: sentir es normal y necesario; todo es cuestión de equilibrio.

El camino forma al judoca
Una carrera no se define en un día ni por un resultado.
Se construye con altibajos.
Más que la meta final, importa el trayecto: al cierre de cada jornada —sea con éxito o derrota— conviene preguntarse: ¿qué aprendí? ¿qué dependía de mí? ¿qué haré diferente la próxima vez?

Respeto: la medida de un campeón
En judo, el respeto es central: hacia el oponente, hacia uno mismo, hacia el público y hacia el deporte.
La reverencia no es un gesto vacío: es un recordatorio de nuestros valores.

Educar para caer… y volver a levantarse
Formar a los más jóvenes implica enseñar que perder es parte del juego: poner resultados en perspectiva y valorar el esfuerzo, no solo las medallas.
El deporte debe ser un espacio seguro donde se aprende a caer y, sobre todo, a levantarse.
En la élite, muchas veces la lucha no es solo contra el rival, sino contra las expectativas (propias, del entorno, de los medios o la afición).
El resultado pone el punto final al combate, pero la respuesta ante ese resultado define al atleta.

Crédito y fuente: International Judo Federation (IJF) — Winning, Losing and Learning to Move Forward, por Nicolas Messner.


